Plantas que cuentan historias

Los recuerdos que me trajeron un grupo de lilium amarillos y unas catalpas, todos en sus envases, agrupados y ordenados, en el vivero, me emocionaron de una forma muy especial y me contaron unas historias muy conmovedoras.

Los Lilium


Hace poco más de diez años, cuando construíamos la casa familiar, deambulábamos por Córdoba buscando precios de materiales. En ese momento era algo eléctrico, recuerdo, pero no tengo idea que era específicamente, será por lo irrelevante. Lo que si recuerdo y aparentemente si era importante, cuando salíamos del hipermercado, casi subiendo al auto, estaban estos Lilium en sus macetas rojas, muy pequeños ellos y el envase y nos regalamos ese gusto sin saber si podían prosperar con el tiempo.

Esa planta, pequeña y solitaria, con el correr de los años, formó un magnifico cantero de Lilium amarillos puros debajo de un árbol, y su desarrollo fue de la mano con una inmensidad de otros canteros y de la casa familiar. Se observaron crecer todos juntos.

Hoy ese cantero de Lilium debajo del árbol desapareció, esa casa familiar ya no existe y todos esos canteros ya no están, pero esos Lilium generaron nuevas plantas que están en macetas en el vivero y tienen una historia para contar, presente en el recuerdo de cada persona que pasó por allí, en un cumpleaños, una fiesta o una juntada.

Las Catalpas

La historia de las catalpas es apasionante. Mi mamá me regalo, hace dos años, un grupo de catalpas recién germinadas, las cuales pusimos en envases junto con otras tantas plantas diferentes, cada una en su envase en el sector de producción. Las catalpas vinieron conmigo al vivero pero el resto de las plantas quedó allá y hoy ya no están, al igual que los canteros y la casa familiar.

Hoy esas catalpas se alzan magnificas en sus envases y mi mamá me contó la historia antes de ser plantas. Ella las germinó y yo las cuidé, pero antes de eso, Elvira, cosechó las semillas y se las dio a mi mamá.

Cuando cosechamos las semillas y las entregamos a una persona que queremos, le imprimimos a esas futuras plantas unos recuerdos y emociones propios, y que en este caso tengo el privilegio de leer en un texto que Elvira le envió a mi mamá y ella a mi, y la gran fortuna de continuar con esa transferencia para que esas plantas recolecten esas historias, presentes en nuestros recuerdos.


… Martha me acaba de contar que mis semillas de catalpa ya son arbolitos que Sebastián vende en su vivero. Más todas las que voy regalando año trás año. Entonces recordé que en agosto, escribí algo al respecto del tiempo y de las siembras…


ELVIRA, 26 de agosto, …mujer con una vida de más de 70 vueltas al sol…

Me pregunto si debería sembrar… váyase a saber si alcanzaré a ver todo lo que va a florecer .
Y mientras me pregunto, pelo y corto estas frutas que me tiñen las manos, azucaro, alguna gota de limón y espero que se ahoguen en su propia sangre.
Y mientras me lavo las manos, pienso si habrá llegado el tiempo de regalar las ciruelas a las lombrices del compost. O a las loras que se turnan para bajar hasta el árbol, el pico abierto, el chillido prepotente y cascarrabias.
¿Debería dejarme estar y que el tiempo se haga cargo de mí?
Y mientras dudo, arranco yuyos, remuevo, planto, trasplanto, deshago los terrones entre las palmas .
Después, me siento, mano sobre mano, por si puedo ganarle un tiempito al tiempo que no puede esperar ni estarse quieto, me cala hondo y como al descuido se me amontona en el cuerpo.
¿Debería perderlo en los caminos que no elegí, los que ignoré, los que no pude ver?
Y mientras creo perderlo, todos los caminos me traen aquí mismo donde estoy, con el tiempo a mi espalda mirándome revolver el dulce para que no se pegue al fondo de la olla. Cuando comienza a espesarse, decido que sea él quien se encargue de la olla, del fuego y del dulce.
Afuera, rompo entre los dedos flores secas, clasifico las semillas y las guardo en potes etiquetados para la próxima siembra.

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